Entre líneas

Biblioterapia: ¿y si un libro también pudiera ayudarnos a sanar?

Hay libros que nos entretienen, otros que nos hacen llorar, algunos que nos dejan pensando durante días… y hay otros que llegan justo cuando necesitamos encontrar palabras para algo que todavía no sabemos cómo explicar.

La afición por los libros atraviesa mi vida. Los libros han acompañado mis momentos de aburrimiento y de euforia. Han sido puertos seguros en la soledad, las rupturas, la enfermedad de mi abuela y en mis descubrimientos sobre el amor, la sexualidad, el feminismo, la política y la guerra.

No solo he leído para aprovechar el tiempo libre, he leído con hambre, con necesidad, con esperanza… He leído en las filas, en los aviones, en los consultorios médicos, en cenas familiares aburridas, en los mejores viajes y obvio, en mi cama… Y cuando niña leía en el baño, era un ritual diario relajante y pacificador.

Pero lo que catapultó mi pasión por los libros fue el día que un médico, cuando yo tenía 14 años me dijo que me leyera “El vendedor más grande del mundo” de Og Mandino, después de escuchar a mi mamá en la consulta diciendo que yo estaba rara, que se me caía el pelo, que no crecía como las otras niñas y que además me estaba yendo mal en el Cole. Ese médico de una manera tan intuitiva, se dio cuenta que no era un asunto físico sino del alma, que lo que necesitaba era apartarme del mundo y fantasear una realidad posible.

«Leer puede salvarte la vida».
— Lucy Montgomery

Los libros tienen una capacidad extraordinaria: nos permiten encontrarnos con experiencias humanas que, aunque no sean exactamente las nuestras, de alguna manera nos resultan familiares.

A veces leemos una historia y sentimos que alguien ha conseguido poner en palabras aquello que llevábamos tiempo intentando comprender. Otras veces encontramos un personaje que parece estar atravesando algo parecido a lo que vivimos, y de pronto descubrimos que no somos los únicos que hemos sentido miedo, tristeza, culpa, soledad o incertidumbre.

Y entonces ocurre algo interesante: dejamos de leer solamente una historia y empezamos a reconocernos en ella.

¿Qué es eso de la biblioterapia?

Es precisamente ahí donde comienza mi interés por la biblioterapia.

Cuando hablo de biblioterapia, no me refiero simplemente a recomendar libros nor a pensar que leer una novela puede resolver todos nuestros problemas. Tampoco se trata de abrir un libro al azar, encontrar una frase bonita y esperar que nuestra vida se transforme mágicamente. ¡Aunque reconozco que algunas frases llegan en momentos tan oportunos que parecen haber sido escritas para nosotros!

La biblioterapia es el uso intencionado de la lectura como recurso de acompañamiento, comprensión y elaboración de experiencias emocionales y psicológicas.

Consiste en seleccionar determinados textos de acuerdo con las necesidades, circunstancias y momento vital de una persona, para que la lectura pueda abrir preguntas, favorecer reflexiones, ampliar perspectivas y ayudar a encontrar nuevas maneras de comprender lo que está viviendo.

Y aquí quiero hacer una distinción que considero fundamental: no todos los libros que nos hacen sentir bien son necesariamente terapéuticos, y no todos los libros terapéuticos tienen que ser manuales de autoayuda.

Una novela, un cuento infantil, un poema, un ensayo, una autobiografía o incluso una historia de ficción pueden ofrecernos un espacio para pensar sobre nosotros mismos.

Porque la literatura no solamente nos cuenta lo que les sucede a otros. También nos permite descubrir algo de lo que nos sucede a nosotros.

¿Por qué un libro puede ayudarnos a comprender lo que sentimos?

Imaginemos por un momento que estamos atravesando una separación, un duelo o una situación que nos produce mucha angustia.

Quizás nos cuesta hablar de ello. No encontramos las palabras, sentimos vergüenza o simplemente no sabemos por dónde comenzar.

Pero encontramos una novela en la que un personaje atraviesa una pérdida parecida. Leemos sus pensamientos, conocemos sus contradicciones, observamos cómo intenta continuar con su vida y descubrimos emociones que también reconocemos en nosotros.

No estamos leyendo nuestra propia historia, pero algo de ella aparece en esas páginas.

Desde mi perspectiva, uno de los aportes más interesantes de la biblioterapia es precisamente esa posibilidad de acercarnos a nuestras experiencias a través de las historias de otros.

Podemos encontrar tres movimientos especialmente valiosos:

1. Identificación

«¡Esto también me pasa a mí!»
A veces nos encontramos con un personaje que siente, piensa o actúa de una manera que nos resulta familiar. Esa identificación puede ayudarnos a reconocer emociones que teníamos confusas o que no habíamos conseguido nombrar.

2. Distancia

«Puedo mirar lo que me pasa desde otro lugar».
Cuando la experiencia aparece representada en un personaje, podemos observarla sin sentir que estamos completamente expuestos. La historia crea cierta distancia emocional y simbólica que facilita la reflexión.

3. Insight

«Ahora entiendo algo que antes no había visto».
Hay momentos en los que una lectura produce una especie de reconocimiento. Una frase, una escena o una decisión del personaje nos permite conectar elementos de nuestra propia historia y descubrir una perspectiva diferente.

No significa que el libro nos dé todas las respuestas. A veces, lo más valioso es que nos ayuda a formular una pregunta que todavía no nos habíamos atrevido a hacer.

¿Y qué tiene que ver la biblioterapia con la psicoterapia?

Mucho más de lo que podríamos imaginar.

En psicoterapia trabajamos con la historia de una persona: sus vínculos, sus experiencias, sus pérdidas, sus conflictos, sus maneras de relacionarse consigo misma y con los demás.

A lo largo de ese proceso vamos construyendo comprensiones, reconociendo patrones, cuestionando creencias y explorando otras posibilidades.

Pero ¿qué ocurre con todo eso cuando termina la sesión?

La vida continúa. Aparecen situaciones nuevas, conversaciones difíciles, recuerdos, dudas y emociones que no siempre esperan hasta nuestro siguiente encuentro terapéutico.

Aquí es donde la biblioterapia puede convertirse en una herramienta muy interesante.

El artículo de Correll y colaboradores, publicado en 2024, plantea precisamente la posibilidad de integrar la lectura terapéutica al proceso psicoterapéutico, de manera que los temas trabajados en consulta puedan seguir explorándose fuera del espacio clínico.

La lectura puede funcionar como un puente entre una sesión y la siguiente.

Por ejemplo, si estamos trabajando sobre pensamientos rígidos, una lectura seleccionada puede ayudarnos a reconocer cómo interpretamos determinadas situaciones. Si estamos atravesando un duelo, una historia puede ofrecernos un lenguaje para acercarnos a la ausencia. Si trabajamos sobre relaciones afectivas, un personaje puede permitirnos observar dinámicas que quizá nos cuesta reconocer en nuestros propios vínculos.

De esta manera, el libro no reemplaza la conversación terapéutica: la enriquece.

Y hay algo más que me parece especialmente valioso: la persona puede regresar a sus lecturas, subrayar una frase, detenerse en un capítulo, escribir una pregunta o descubrir algo nuevo en una segunda lectura. El proceso no queda limitado a los cincuenta minutos de consulta.

La biblioterapia no consiste en mandar tareas de lectura. Quiero detenerme en esto porque me parece importante.

No imagino la biblioterapia como una lista de libros que el terapeuta entrega al paciente al finalizar cada sesión, como quien formula una receta y espera que se cumpla al pie de la letra.

Tampoco considero que todas las personas necesiten leer el mismo libro para trabajar una dificultad determinada.

La selección debe tener sentido para quien va a leer. Hay que considerar su edad, sus intereses, sus historia, su contexto cultural, sus preferencias y también su disposición emocional.

No sería adecuado recomendar un libro sobre una experiencia dolorosa sin considerar cómo puede recibirlo la persona, qué recuerdos podría movilizar o si cuenta con recursos para elaborar lo que la lectura despierte. La biblioterapia necesita acompañamiento profesional cuando se integra a un tratamiento clínico. La lectura debe estar vinculada con objetivos terapéuticos y ajustarse a las características de cada paciente.

Además, es importante adaptar el material al nivel de comprensión y a las posibilidades de concentración de quien lee. Porque, seamos honestos, recomendar un libro de cuatrocientas páginas a alguien que apenas consigue concentrarse durante diez minutos probablemente no sea la mejor estrategia terapéutica.

Y no pasa nada si esa persona prefiere un audiolibro, un cuento breve o un texto ilustrado. Lo importante no es demostrar cuánto podemos leer, sino encontrar una forma significativa de acercarnos a la experiencia.

¿Qué dice la investigación sobre sus beneficios?

La biblioterapia no es solamente una idea romántica sobre el poder de los libros. Existen investigaciones que han estudiado su aplicación en el tratamiento de dificultades emocionales, especialmente en depresión y ansiedad.

Pero no diría que leer cura la depresión, la ansiedad o cualquier otro trastorno. Sí diría que una lectura bien seleccionada puede convertirse en un recurso valioso dentro de un proceso de atención psicológica.

¿Qué tipo de libros podemos utilizar?

¡Aquí es donde comienza una de mis partes favoritas!

La biblioterapia no tiene por qué limitarse a los libros que hablan explícitamente de psicología. De hecho, creo que sería una pena reducir la riqueza de la literatura a los títulos que prometen enseñarnos a ser más felices en diez pasos.

Podemos encontrar recursos muy valiosos en distintos géneros:

  • Cuentos infantiles: permiten acercarnos a los miedos, los celos, la separación, la autonomía, las pérdidas y las relaciones familiares.
  • Novelas: nos acercan a los conflictos humanos, las decisiones, los vínculos, la identidad y las contradicciones de la vida.
  • Poesía: puede ofrecer palabras para experiencias emocionales difíciles de nombrar.
  • Autobiografías y testimonios: permiten conocer otras maneras de atravesar experiencias complejas.
  • Ensayos y libros de divulgación psicológica: pueden ayudarnos a comprender determinados procesos y reconocer herramientas para la vida cotidiana.
  • Libros de autoayuda basados en evidencia: pueden complementar el trabajo terapéutico cuando sus propuestas son pertinentes y están bien fundamentadas.

Lo importante no es que el libro pertenezca a una categoría específica. Es que exista una relación significativa entre la lectura, la persona y aquello que estamos trabajando. Leer no siempre es suficiente. Necesitamos conversar sobre lo que leemos.

Hay una escena que me gusta imaginar: una persona llega a consulta con un libro lleno de subrayados. Hay páginas dobladas, frases marcadas y algunas anotaciones al margen. Y entonces podemos comenzar a conversar.

¿Por qué subrayaste precisamente esa frase? ¿Qué te hizo sentir ese personaje? ¿Hubo alguna parte que te molestó? ¿Qué pensaste cuando terminó la historia? ¿Hay algo que hayas descubierto sobre ti mientras leías?

Estas preguntas pueden abrir conversaciones muy interesantes. Me parece una invitación muy bonita: no leer para terminar un libro, sino leer para encontrarnos con algo que merezca ser pensado.

Y si una persona no termina el libro, tampoco significa que haya fracasado en la tarea. A veces, una sola página puede ser suficiente para iniciar una conversación importante.

Por esto creé una biblioteca terapéutica…

Mi interés por la biblioterapia nace de una convicción: las historias pueden acompañarnos en diferentes momentos de la vida y ayudarnos a mirar nuestra experiencia desde perspectivas que quizá no habíamos considerado.

Por eso he querido construir una biblioteca terapéutica, un espacio donde los libros estén organizados no solamente por edades o géneros literarios, sino también por experiencias humanas y temas emocionales. Un lugar para encontrar lecturas relacionadas con el duelo, el autoconocimiento, la regulación emocional, los vínculos, la maternidad, la crianza, la adolescencia, las neurodivergencias, los cambios y las preguntas sobre el sentido de la existencia.

No se trata de encontrar un libro que tenga la solución a cada problema. Se trata de descubrir historias que puedan acompañar preguntas, abrir conversaciones y enriquecer el proceso de comprendernos.

Me gusta pensar que algunos libros llegan a nuestra vida como llegan ciertas personas: no necesariamente para decirnos qué hacer, sino para ayudarnos a mirar algo que hasta entonces no habíamos podido ver. Y quizás esa sea una de las cosas más bonitas de leer: que, mientras creemos estar entrando en la historia de alguien más, podemos terminar descubriendo un poco de la nuestra.

Porque a veces un libro no cambia nuestra vida por lo que nos enseña, sino por aquello que nos ayuda a descubrir sobre nosotros mismos.

En Entre líneas exploro el encuentro entre la psicología y la literatura. Creo en las historias como espacios de reflexión, reconocimiento y acompañamiento, y en la lectura como una herramienta que puede enriquecer el trabajo psicoterapéutico cuando encuentra sentido en la experiencia singular de cada persona.

Andrea Sinisterra

Psicóloga clínica y biblioterapeuta